Cavaneo del Spirito Santo, el templo humilde.


Con Sergio Berti

Los solsticios de verano y de invierno son momentos mágicos para el ser humano, solsticio, del latín solstitium, o sol sistiere, significa sol quieto y define las épocas de mayor y menor permanencia del sol en el cielo diurno durante un ciclo solar. El sol va alargando su presencia día a día desde el solsticio de invierno, acontecido el día 21 de diciembre, que es el día más oscuro y corto del año,  hasta alcanzar su máxima plenitud el día del solsticio de verano, el 21 de junio, cuando el sol reina durante el día más largo y luminoso del año.

Los antiguos griegos denominaron puertas a estas dos épocas del año, la puerta de los hombres en el solsticio verano y la de los dioses en el de invierno, no es de extrañar que diferentes deidades del panteón humano llegasen al mundo justo al tercer día del día más oscuro, cuando la divinidad nacida comienza a alumbrar el mundo llevándolo de nuevo a la luz. Resulta inevitable establecer la asociación.

Conocer estos acontecimientos astronómicos ayudaba al ser humano a predecir las estaciones, y con ello las migraciones de los animales para organizar la caza o el momento de maduración de los frutos silvestres para su recolección, y más adelante, crear la agricultura y la ganadería permitiendo construir las sociedades complejas en las que hemos devenido.

Para predecir la llegada de los acontecimientos naturales, el ser humano ha levantado arquitecturas capaces de interactuar con las posiciones del sol y del cielo nocturno. Lugares con proporciones geométricas que representan el movimiento y las formas de la vida y del cosmos, y por ende, asociados a las divinidades que crearon y dirigen el universo, por lo que se les ofrece culto.

En estos lugares se representa el orden infinito de la obra divina y se establece la comunicación con su estado más íntimo y personal. En el templo el ser humano habla con la divinidad, le ruega, recibe sus designios, se relaciona con lo divino personalmente.

Existen cultos capaces de grandes y complejas construcciones, refinadas edificaciones en las que se replica el cosmos conocido organizándolo armónicamente, y también lugares humildes en apariencia a los que no les falta lo necesario para establecer un espacio ordenado en el flujo del caos, creando un pequeño cosmos donde establecer contacto con lo divino.

Entre las selvas cercanas a la costa ligur, Sergio Berti nos ha traído a conocer una de estas humildes construcciones, un pequeño edificio perdido entre el bosque mediterráneo cercano a la Spezia, que nos ha dado a conocer como “cavaneo”. Sencillo y humilde en apariencia, en su interior se refleja el movimiento del cielo, los solsticios, las fases lunares y el tránsito de las estrellas junto con las proporciones de la vida, y establece el orden cósmico que permite la conexión con lo divino.

Sergio Berti es Ingeniero electrónico, geobiólogo experto en análisis geobiofísico, docente de geobiología y domoterapia en la academia de naturopatía ANEA, y presidente de la asociación Architettura&Geobiologia – Studi Integrati.

 

 

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